ojalá la vida fuera una piscina.
La vida es como una sucesión de acontecimientos y personas metidas en una piscina.
Adoro las piscinas.
Siento que todo podría pasar dentro de una.
Gente que entra, gente que sale, gente que ni siquiera se quiere bañar por si luego tiene frío, gente que juega, gente que tontea, gente con cuerpos de escándalo, y luego están las personas cuya actividad favorita dentro de una piscina es hacer el pino y aguantar el máximo tiempo posible boca abajo. Ahí abajo es donde todo está en calma. No se oye nada, no se ve nada. Bucear una tarde de verano a la hora de la siesta es lo más parecido a pausarlo todo. Aguantas la respiración y sientes que vuelves al inicio. A un sitio muy parecido a la tripa de tu madre, donde todo parece ocurrir desde lejos.
Ahí es donde ocurre la magia. En pararnos a observar la inmensidad. Y lo minúsculos que somos. Verlo todo con perspectiva. Y, de repente, salir a la superficie, renovada. Con el pelo como el de una sirena y más brillante que nunca. Es ahí donde quiero pasarme la vida: en el bordillo de una piscina escuchando la historia de todas y cada una de las personas que se quieran sentar a mi lado. Con el solecito dándonos en la cara y una cerveza en la mano.
Ojalá la vida fuera una piscina.

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